Para unos es una pesadilla, para otros, un reto. Lo único seguro es que nadie puede escapar de la tradición de regalar pequeños obsequios a sus clientes para celebrar la Navidad. En el fondo no se trata solo de tener un detalle, también es la ocasión idónea de promocionar tu empresa. Así que ¡Hagamos que nos recuerden!

Empecemos por el más típico: el chocolate. Es un acierto seguro. La Navidad es la única época del año en la que ni las dietas ni la diabetes importan demasiado, así que todo el mundo se siente feliz de recibir chocolate. Pero no es lo mismo regalar una caja de bombones comprada en el supermercado de la esquina que unas sabrosas chocolatinas personalizadas envueltas en un maravilloso packaging hecho a mano, como este de Nice Party. Sí, es chocolate, pero envuelto así, la cosa cambia.

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Sin embargo, si lo que queremos es que el nombre de nuestra empresa permanezca más tiempo sobre el escritorio de nuestros clientes, podemos recurrir a otro tipo de estrategias. Unos caramelos, por ejemplo. En principio la idea no suena demasiado atractiva, pero los canadienses de Northink supieron darle la vuelta a este obsequio para convertirlo en un regalo divertido y algo más duradero. Lo que hicieron fue enviar a sus clientes un tarro relleno de caramelos para curar el bloqueo energético de las 3 en punto. A todos nos ocurre y a veces el café no es suficiente.

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Una vez tenemos el estómago lleno, es el turno de pasar a los cócteles. Porque ¿qué es de una celebración sin un brindis? Al menos eso debieron de pensar los creativos de McGuffincg cuando decidieron elaborar una pequeña pero muy sofisticada guía que contenía recetas de combinados y cócteles novedosos para probar durante las fiestas. Ni qué decir tiene que aparte de ser una idea fresca y diferente, el acabado fue tan elegante que probablemente sus clientes todavía lo conseven.

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